CAPITULO 1
Otro día normal, en un colegio normal.
Una persona normal…si, ya, quien se va a creer eso.
Paseé junto a las taquillas en busca de algo que pudiera reconocer. El día olía igual, la misma gente, los mismos pasillos, la misma lejía, los mismos papeles, lápices y en fin, el mismo olor a vida normal, claro…un minuto, olfateé el aire y reconocí algo nuevo, alcé las cejas y pude divisar un barullo de chicas que reían y susurraban cosas como:
-Dios ¿has visto como está el nuevo?
O cosas como
-¡Me lo pido¡
En fin, las típicas chorradas que llevaban repitiéndose toda la semana.
Ya que, como acababa de empezar un curso nuevo, no paraban de entrar y entrar alumnos nuevos.
Pero esta vez era diferente, me acerqué al reclamado alumno nuevo con la mirada y le analicé:
Grandes ojos grises, pelo oscuro, buen cuerpo, una mandíbula prominente y unos carnosos labios. Parecía uno de esos chicos que ves por la calle y te quedas pasmada mirándole, haciendo el ridículo ante todo el mundo.
Me reí ante ese pensamiento, suerte que yo nunca lo haría.
Pero volviendo a lo de antes. Tenía algo extraño, una especie de aureola blanquecina, invisible para los ojos humanos por supuesto.
Me fijé en su olor, olía a verano, a felicidad, a calor, a…a cielo
‘’O no’’ me dije a mi misma y eché a correr hacia la puerta principal.
CAPITULO 2
Bien, vale, ya estaba aquí.
Lo único que tenía que hacer era lo que siempre había querido y lo que nunca había podido, me reí, por fin, ya era libre de toda esa mierda.
Odiaba el instituto, bueno la primera vez no lo odiaba ni la segunda, ni la tercera , supongo que lo empecé a odiar sobre la 123 vez.
Escuche a unas jóvenes opinar sobre mí cosas como
-Dios, como está el nuevo.
O algo como
-Me lo pido.
Y tenían razón, la verdad es que no estaba nada mal.
Les dediqué una radiante sonrisa haciendo que estallaran en risitas nerviosas.
Entonces fue cuando la vi, una guapísima chica de pelo negro salió disparada a una velocidad casi sobre humana y se perdió por la puerta principal del instituto, me provocó una sensación extraña. Ojala no me hubieran quitado los poderes al salir de la orden, así simplemente con rozarla podía haber averiguado todo sobre ella.
Bueno, pensé, basta de distracciones.
La última vez que entré en la sala localizadora de la orden pude ver que en este pueblo había una presa, pensé que sería algo fácil para empezar, así que me decidí a venir aquí. Además, según mi tío Bruno me contó, decía que el último lugar donde había visto el diario de mi padre era aquí, así que, sí, era un buen lugar para empezar.
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