CAPITULO 4
Selene, un bonito nombre. Creo que había estudiado que significaba
algo como “hija de la luna” o cosas por el estilo.
La observe escabullirse entre la multitud, sin duda era preciosa. Tenía el pelo largo y muy negro al igual que sus ojos, inmensos y penetrantes pero negros como la noche, unos labios carnosos y perfectos y una sonrisa que iluminaba la estancia.
No entendía el porqué aquel repentino interés por esta chica, al fin y al cabo, era una humana normal, como todas. Pero había algo que me atraía hacia ella, en fin, me daba igual. Tenía cosas más importantes por las que preocuparme.
Sumido en mis pensamientos caminé por el extenso pasillo acariciando con las yemas de los dedos las taquillas del instituto. Me paré ante el enorme tablón de anuncios situado a la entrada de la biblioteca, ya que un enorme cartel amarillo fosforito, había conseguido llamar mi atención.
Lo leí con interés.
ACAMPADA DENTRO DE DOS SEMANAS-SOLO POR 90 EUROS- UNA OPORTUNIDAD PERFECTA PARA CONOCER MUNDO.
Será a la sierra de Cazorla dentro de dos semanas se os informara.
¡NO FALTEIS!
Vaya nunca había ido de acampada, si no tuviera que matar seres sanguinarios o que encontrar un diario que desvelaría todas las incógnitas que rodeaban mi mundo, hasta iría y todo.
La verdad es que el verdadero motivo por el que me había apuntado al instituto era no levantar sospechas, pero en realidad me importaba bastante poco todo aquello, sin mencionar , claro está, a mi interés repentino por aquella chica, es lo que tiene ser adolescente.
Me reí para mis adentros al pensar que llevaba 467 años siendo adolescente.
-Hola.
Una chica rubita y pecosa con el pelo corto y puntiagudo se presento ante mí.
-Se presenta ante ti Michelle, soy la encargada de lo de la acampada, y como te he visto que llevabas un buen rato mirando el cartel he pensado que te interesaría saber algo sobre el viaje
La mire examinándola y fruncí el ceño, era muy alegre, parecía que si dejaba de sonreír durante un solo instante un calambrazo le recorrería todo el cuerpo.
-No, si en realidad yo…-intenté parecer amable pero su vocecilla de pito volvió a interrumpirme.
-Se que eres nuevo y que te cuesta un poco integrarte, pero te aseguro que la acampada es la mejor forma de conocer gente, además pierdes tres días de clase.
Me sonrió suplicante y pestañeo varias veces iluminando unos ojitos azules que se escondían bajo el largo flequillo
-Me lo pensare- respondí poniendo los ojos en blanco- aunque no te prometo nada, no me suele gustar el campo.
-No te preocupes- dijo sin dejar de sonreír- tenemos unas enormes cabañas de madera.
Le sonreí, algo agobiado por la pesada ésta que se me había enroscado.
Debería haberle puesto alguna escusa, como que era alérgico a los mosquitos o algo así, pero supongo que Michelle encontraría la solución a mis problemas.
-Bueno- dijo ella- yo te apunto en la lista y tú ya me lo confirmas en menos de una semana.
-Vale, supongo que una semana me dará el tiempo suficiente para acostumbrarme al campo.
Soltó una chillona carcajada y me volvió a mirar.
-¿Te llamas?- preguntó alargando demasiado el final.
-James- respondí apenas sin mirarla.
-Muy bien- dijo ella- James de cuarto ¿me equivoco?
-no, está bien.
Me volvió a sonreír y se marcho con pasos saltarines que hacían que su vestido verde oscuro volara tras de ella.
“ay dios” murmure para mí mismo “que no me pase nada”
Y Salí del instituto.
Afuera hacia frio, la verdad es que demasiado frio para ser septiembre.
Caminé despacio hasta toparme con una pequeña cafetería cerca de la entrada al bosque. Al entrar vi que estaba abarrotada de gente que reía, comía y bebía mientas un gran barullo de voces lo inundaba todo.
Estaba hambriento, no había comido nada desde que llegue al pueblo así que pedí un sándwich y un café y esperé pacientemente. La camarera, una señora regordeta y pelirroja que, según su etiqueta, se llamaba Peny.
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